05 abril 2009

Cine español, de las salas a la tv

Salvados por el telefilme

Productores y directores descubren en las 'tv movies' de las cadenas de televisión un filón económico para salir de la crisis en la que se encuentra la industria

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Salvad   o   s p   o   r       el       telefilme
Manel Barceló interpretó a Tejero en el exitoso telefilme de TVE 23-F, el día más difícil del Rey. - PÚBLICO
S. BRITO/ R. FERNÁNDEZ - MADRID - 03/04/2009 08:05

El cine español busca su tabla de salvación. Y no la encuentra ni en reuniones secretas en la sede del Ministerio de Cultura, ni en una taquilla que, desde hace años, se empeña en darle la espalda. Pendiente de una Ley del Cine que no acaba de publicar la orden ministerial que la ponga en marcha (ha pasado ya más de un año desde su aprobación en el Parlamento), la industria se muerde las uñas y encuentra en palabras gruesas como "agónico", "aterrador" o "saturado", la manera de definir un panorama que le quitael sueño.

La legislación está obsoleta, la taquilla no responde y "la imagen del cine español está muy deteriorada", estima el veterano productor y director, Pedro Costa. "Hay que buscar una salida", añade. Lluvia de ideas: 1) seguir como hasta el momento, 2) salir de las salas y buscar en la televisión, entre otros formatos, una nueva ventana.

El pelotazo

Daniel Calparsoro (Salto al vacío) mantenía desde hacía años un guión bajo llave. Lo movió por productoras para llevarlo al cine. Y nada. Hasta que recibió la llamada de una cadena: "¿Tienes algo por ahí?", le preguntaron. Lo que tenía era El castigo, pensado para ser rodado en 35 mm y exhibido de una tacada. Finalmente, la sexta película del director nunca se estrenó en cines, pero la vieron en dos partes y en la televisión 5,1 millones de personas, una cifra que, probablemente, no hubiera alcanzado en salas. El castigo se convirtió en la ficción nacional más vista de 2008 y en la constatación de que la ansiada tabla de salvación podría estar cortada por el mismo patrón que el mítico dramón basado en hechos reales de la sobremesa: la tv movie.

"Los telefilmes van a permitir sobrevivir a las productoras"

"La producción de telefilmes va a permitir sobrevivir a muchas productoras", asegura el productor madrileño Luis Méndez, que está embarcado ya en el desarrollo de dos, una basada en la vida de María José Carrascosa y otra en la de Rocío Jurado. "Va siendo hora de que nos demos cuenta de que somos productores audiovisuales y no sólo de cine. El cambio está en marcha",señala.

Pedro Pérez, presidente de la federación de productores españoles (FAPAE) habla con franqueza: "La situación es insostenible. El mercado está saturado. No hay cabida para estrenar las 172 películas que se produjeron el año pasado. De esas, sólo 48 superaron los 900.000 euros de presupuesto, que es lo que cuesta de media una tv movie. Muchas de estas películas podrían hacerse para la televisión", mantiene. "Hay que crear industria", zanja.

Ante una afirmación tan contundente, más de un defensor del cine de autor, podría discrepar: "La tv movie viene muy sesgada desde el propio guión. Desde el punto de vista artístico, el producto está muy mediatizado", opina el productor de cine de autor Luis Miñarro, que, sin embargo, no descarta empezar a producir telefilmes ante el descenso de la publicidad que le daba de comer.

Dame ese cinco

Guste más o menos, las productoras han comenzado a ver el filón y las televisiones a darse cuenta de que ese 5% que están obligados a invertir en cine puede salirles más rentable si producen una miniserie (máximo dos capítulos de 150 minutos en total) o un telefilme unitario, en vez de una película de cine, que entraña más riesgos. "Es un producto flexible y útil para una cadena, porque es inédito y, además, controlamos muy bien el proceso de producción", explica Carlos Fernández, director de programación y contenidos de TVE, cadena que, junto a Antena 3, acapara la apuesta nacional por el telefilme.

"Es un producto flexible y útil para una cadena, porque tenemos el control"

De hecho, el engranaje se ha acelerado en el último año. La cadena pública ha estrenado El caso Wanninkof, Fago, 23F, el día más dificil del Rey,entre otras, con una audiencia que ronda el 20% del share. Dada la fragmentación de la audiencia, no es poca cosa. Y el fenómeno sigue subiendo. En total, TVE tiene en desarrollo seis nuevas tv movies, entre las que se cuenta Operación Malaya, producida por Mediapro. La apuesta para la productora está clara. "Los telefilmes funcionan porque no vienen desgastados por su exhibición en salas o en DVD", mantiene Javier Méndez, responsable del área de cine de Mediapro.

Pero, la convicción no es sólo cosa de las cadenas o las productoras. El director Pedro Costa está preparando tres nuevos casos de la crónica negra española, un género que le apasiona y que ya había probado con tino en la mítica serie La huella del crimen (1985). La coletilla del basado en hechos reales (o históricos) cuelga de la mayoría de producciones en marcha porque, como admite Carlos Fernández, "si tienes un referente muy insertado en la memoria colectiva, tienes un punto de partida muy favorable". El productor Luis Méndez lo explica de manera más prosaica: "Los españoles somos cotillas, nos gusta saber los detalles morbosos de las noticias y los famosos".

La cultura del ladrillo

Pero, como con el ladrillo, ¿corre la nueva oleada de telefilmes el peligro de morir de éxito? Es decir, ¿saturarán las cadenas al espectador con los Adolfos Guerras, Carrillos, Anabeles Seguras, o Rocíos Jurados que vienen? Para Silvia Munt, actriz y directora de cine, que ha realizado en los últimos años cuatro tv movies, que han ganado premios internacionales, "esa no debe ser la única vía. Soy gran defensora del cine, pero también es cierto que lo que me gusta es contar historias. El telefilme no tiene por qué ser un subproducto", admite. Sin ir más lejos, en 2006, Filmax produjo, junto a Telecinco, Películas para no dormir, seis telefilmes de género que dirigieron directores de prestigio como Álex de la Iglesia o Jaume Balagueró (REC).

Fernando Lara, director del Instituto de Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), comparte la opinión de Munt. Para él, las tv movies son un camino, pero "no sólo desde un punto de vista de supervivencia industrial, sino también desde parámetros artísticos, como sucede en otros países, donde las mejores tv movies han sido firmadas por Ken Loach, Mike Leigh, Stephen Frears o André Téchiné, entre otros. En España no tenemos todavía la tradición de Reino Unido o Francia", dice.

En Francia, la producción alcanza, como mínimo, los 200 telefilmes, algo más que en Alemania

Ni qué decirlo. En Francia, la producción alcanza, como mínimo, los 200 telefilmes, algo más que en Alemania. La industria catalana lleva años coproduciendo con estos países películas para la televisión, que, gracias a ello, tienen aseguradas sus ventas internacionales. "Nuestros telefilmes son más valorados fuera. Se está desaprovechando una enorme riqueza material y cultural", dice Munt.

Antoni Camín, de la productora Ovideo, entona un "ya era hora" cuando se le pregunta por el boom que vive la tv movie en el espectro nacional. El también catalán Joan Antón Gonzaléz, el hombre que ha producido más telefilmes del país, asegura que el género no sólo da trabajo a la industria sino que estimula la creatividad de unos productores "que deben ser emprendedores. La tv movie te abre de miras".

Al final, todos coinciden: se trata de crear industria. Y de explorar un formato que no es un género sino una manera de hacer cine. "Los telefilmes son productos que no hemos acabado de descubrir totalmente", mantienen desde TVE. Productores, directores y técnicos entonan suparticular eureka.

04 abril 2009

'Pirata Cultural', criminal número 1 en Francia

Francia castigará sin Internet a los 'piratas' culturales

La Asamblea aprueba una ley contra las descargas de música y cine

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA - París - 04/04/2009

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La Asamblea francesa aprobó el jueves, con el voto contrario de la izquierda, la denominada Ley Antipiratería, encaminada a frenar las descargas ilegales de la Red de películas y canciones. El sistema punitivo llega, tras advertir al internauta en dos ocasiones, hasta la supresión temporal de la conexión a Internet.

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El internauta recibirá dos avisos antes de sufrir el corte de la conexión

Todo empezará con un correo electrónico que servirá de primera alarma. Lo enviará la Alta Autoridad Para la Difusión de Obras y la Protección de Derechos en Internet (Hadopi, en sus siglas en francés), una sociedad creada al efecto. El mensaje informará al internauta de que ha sido pillado y le aconsejará abandonar la práctica por los riesgos que le puede comportar. Si el amigo de descargarse material de Internet persiste, a los seis meses recibirá en su casa una carta certificada. Segunda alarma. En ella, en esencia, se le vendrá a decir lo mismo. Hadopi, según revelaba hace unos días el diario Le Parisien, cuenta con un presupuesto capaz de enviar 3.000 cartas certificadas y 10.000 mensajes electrónicos al día y podrá sancionar, también al día, a 1.000 internautas.

Si el pirata continúa recolectando material considerado ilegal, llegará la sanción definitiva: se le dejará sin Internet, cortándole el abono por un plazo que irá de un mes a un año. El sistema se ha comparado al de retirada del carné de conducir a base de perder puntos. Sus promotores aseguran que la medida, más que represiva, "es pedagógica", de ahí la gradación de los avisos.

El proyecto presentado a la Asamblea por el Gobierno de Nicolas Sarkozy preveía que el infractor seguiría pagando el abono a pesar de tener la señal cortada. La Asamblea lo ha cambiado: se verá sin red, pero no deberá pagar nada. Esto ha desencadenado la oposición de las empresas operadoras de telecomunicaciones: "El Estado no debe cargar sobre los operadores el coste de empresa de interés general que no es achacable a los operadores", aseguraba el jueves la Federación Francesa de Teleoperadores.

La izquierda ha informado de que enviará el texto de la ley al Consejo Constitucional por considerarlo ilegal. A su juicio, entre otros derechos vulnerados, no se puede cortar el acceso de Internet a un usuario a menos que sea un juez quien lo haga. En ayuda del Partido Socialista francés llegaron los diputados del Parlamento Europeo. Hace unos días votaron una proposición que consideraba que tanto los Gobiernos como las sociedades privadas que cortan como castigo el acceso a Internet de un ciudadano violan un derecho fundamental como es el de la educación.

La ley, a la que le falta pasar aún un trámite en la comisión mixta Asamblea-Senado y que será aprobada definitivamente la semana que viene, ha generado una viva polémica en Francia. En apoyo del Gobierno han acudido cantantes famosas como Françoise Hardy o cineastas como Jean-Jacques Annaud, que el miércoles acudió a la tribuna de la Asamblea Nacional francesa a presenciar una sesión del debate.

El gran Berger

La luz de una vela cuando se apaga

John Berger visita en Barcelona la instalación artística realizada sobre su nuevo libro

JUAN CRUZ - Barcelona (El País) - 03/04/2009

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Concentrado, como si estuviera en una misa laica, John Berger (Londres, 1926) parece un monje civil rezando. Delante de él, protegida por alambradas, hay una sucesión de celdas de castigo sobre cuyas mantas se reproducen cartas de un condenado a dos cadenas perpetuas. No se sabe muy bien por qué lo han condenado, pero es cierto que le colgaron un día la etiqueta de terrorista y Xavier, que así se llama el personaje de ficción de Berger en su libro De A para X. Una historia en cartas (en español, Alfaguara; en catalán, Edicions de 1984), espera en su celda tan sólo las cartas candorosas o tremendas que su compañera Aida le escribe para hacerle feliz.

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"Hoy la vida está condenada por un orden económico de raíz fascista"

Isabel Coixet y Benedetta Tagliabue firman esta 'cárcel simbólica'

La prisión ha sido diseñada por la arquitecta Benedetta Tagliabue y la instalación es una idea de Isabel Coixet, la cineasta amiga de John Berger, que acompaña esta espectacular visión del libro con una entrevista en la que distintas actrices (Maria de Medeiros, Penélope Cruz, Leonor Watling, Monica Bellucci, Isabelle Hupert...) hacen el papel de la compañera que le escribe a Xavier para darle esperanza, o luz.

La instalación, que se completa con una peculiar muestra del arte encontrado en una cárcel abandonada de Valencia por las artistas Patricia Gómez y María Jesús González, produce un estupor muy íntimo, como si la prisión sirviera como metáfora del mundo hoy mismo.

Este extraño espectáculo en el que las palabras te agarran y te sumergen en una realidad de la que sobresalen la miseria o la opresión como violencia cotidiana constituye la primera exposición del espacio cultural Santa Mónica, que desde anoche se abre en La Rambla de Barcelona, donde antes hubo un convento y luego una caserna militar.

En ese espacio, oscurecido y estremecedor, estaba ayer John Berger con su aspecto de Humphrey Bogart perplejo, vestido con una gabardina oscura, con su pelo completamente blanco; ante esa oscuridad amarillenta que concibieron Tagliabue y Coixet, él parecía un peregrino en prisión; la sensación que producía el espectáculo era la de encontrarnos en una celda cuya luz interior, que resalta párrafos del libro, notas de Xavier sobre la situación mundial, es parte del tormento humano. Y resultaba extraño comprobar que la luz es aquí, acaso como en la vida, parte esencial para descubrir la oscuridad.

De todo eso hablaba ayer John Berger en una conversación con este diario, antes de que empezara ese recorrido ensimismado por palabras que él escribió. "Pero no son mis palabras". Las leía, grabadas, Henning Mankell, el escritor sueco, "y eran más de Mankell que mías; quizá las llevo dentro de mí, pero están en el aire".

Las palabras del prisionero y de su compañera son, muchas veces, sobre el futuro y sobre la esperanza. La esperanza. "No es lo mismo la esperanza que el optimismo. El optimismo es acaso la consecuencia de un buen pronóstico, sobre la Bolsa, por ejemplo. Pero la esperanza es como la fe, sostiene a la gente incluso en la oscuridad. Es como la luz de una vela". Decía Lewis Carroll: "Quisiera saber de qué color es la luz de una vela cuando está apagada". "Pues eso mismo es la esperanza: la luz de una vela cuando está apagada".

Y no es lo mismo la luz de una vela sobre la escritura que la luz sobre las alambradas de una cárcel. Y la cárcel de la que aquí se habla, y que ha reproducido Tagliabue con expresividad ahogada, puede estar en cualquier sitio, en Palestina, en África... "Ahora, sentados aquí, ante un café, en Barcelona, parece que estamos reproduciendo cartas que no tendrían lugar; pero muévete 45 años atrás y ves la desolación de las cárceles, los destinatarios de estas cartas... Esa preocupación está viva en muchos lugares del mundo".

Y no sólo es la prisión el lugar del presente, el sitio donde el hombre pudre su esperanza: "La cárcel es el sitio donde más se piensa el futuro; se piensa el futuro día y noche..., y el futuro es la combinación del pasado y el presente; sin pasado el futuro no existe, ni el presente existe". Y la vida actual, "condenada por un orden económico mundial de raigambre fascista", está tratando de aniquilar el pasado para que no exista ni el presente.

Subsisten la memoria y el alma, "y el alma es lo que no te pertenece: el alma es lo que tienes en común con los otros". El alma se hace de pasado, dijo Berger, revolviéndose los pelos blancos como si dentro de su cabeza bullera un ciclón, "y al hombre lo están obligando a pensar que el pasado es obsoleto; en nombre del llamado progreso parece que tenemos que sobrepasar a los antepasados como si fueran coches viejos".

Receta para la esperanza

¿Y cómo se prepara uno para tener esperanza?, le preguntamos a Berger. A su lado, los actores Sergi López y Carme Elías, que por la tarde habrían de leer, en el centro cultural Santa Mónica, las cartas de ternura y rebeldía que hay en su libro. Estábamos en un antiguo restaurante de Barcelona. De vez en cuando salió con su compañera Beverly a fumar. Sentado ya ante el plato, escuchó la pregunta varias veces, y al fin se removió la cabellera y dijo: "A ver si le vale esta receta: hay mucha gente en el norte privilegiado que se siente desesperanzada; sus condiciones de vida les han aislado; cada día saben menos sobre lo que deben compartir; han sido apartadas del disfrute de la naturaleza, no saben ni por qué las moscas vuelan... También les han convencido de que el pasado no existe. Eso les ha quitado la esperanza. Así que saque usted sus propias conclusiones sobre qué habría que hacer para recuperar las esperanzas perdidas".

El ministro dice que los derechos de autor se recaudan bien

Derechos de autor: transparencia sí, aunque mejorable

Las ocho entidades de gestión superan el examen del Gobierno

TEREIXA CONSTENLA - Madrid - (El País) 04/04/2009

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Pocos organismos son tan detestados como la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). En los últimos años, las entidades que cobran derechos de autor trabajan zarandeadas por una tempestad de aúpa, donde se entremezclaban sospechas sobre irregularidades en el reparto de dinero recaudado, cobros impopulares de derechos (recuérdense bodas, fiestas y autocares) y expeditivos recursos a los tribunales para no perder un euro. Ayer, sin apenas alharacas, el Ministerio de Administraciones Públicas difundió un informe que sitúa la tempestad: cabe en una botella.

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La Agencia de Evaluación propone un órgano común de recaudación

El 1,73% de los socios de la SGAE se reparte el 75% de derechos asignados

Las ocho entidades de gestión colectiva de derechos de propiedad intelectual que operan en España, tras ser examinadas por la Agencia Estatal de Evaluación de las Políticas Públicas y la Calidad de los Servicios, hacen su trabajo con "eficacia" y con "la transparencia adecuada a la ley". Ni sombra de anomalías, ni de cobros indebidos en estas entidades, surgidas tras la aprobación de la Ley de Propiedad Intelectual en 1987.

La evaluación, realizada a instancias del ministro de Cultura, César Antonio Molina, concluye que los autores no cobrarían por sus derechos de propiedad intelectual sin la labor de estas entidades. Y la propiedad intelectual, recuerdan los autores del informe, está reconocida en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículo 27).

Ahora bien, no hay irregularidades pero hay carencias. La Agencia defiende una mayor regulación pública sobre aspectos que ahora mismo deciden de forma unilateral las entidades como la prescripción de los derechos no identificados o el reparto de los fondos asistenciales, de promoción y formación. En ambos casos hay una gran heterogeneidad en su finalidad. "Los fondos asistenciales, promocionales y de formación se dedican a seguros colectivos de accidentes, becas, seminarios, lecciones magistrales, encuentros, servicios de asesoría jurídica y fiscal, aportaciones a fundaciones, ferias y festivales, publicaciones, compra de locales para las fundaciones, lucha contra la piratería, etc. El destino es muy variado y al no existir reglamentación al respecto depende de las decisiones de los órganos de gobierno de las entidades", se detalla en el informe. Se destaca también el carácter "mutualista" de los programas que benefician a los socios más desfavorecidos.

Cuatro de cada cinco euros recaudados van, según el informe, a los titulares de derechos. Pero los sistemas de recaudación presentan lagunas: hay un "reparto asimétrico" en las cargas de derechos; las tarifas se fijan unilateralmente por los órganos de gobierno sin obligación legal de publicarlas y una excesiva "litigiosidad".

Ante esto, la Agencia de Evaluación propone que se cree un órgano de recaudación común para las ocho entidades y un sistema de arbitraje que aligere de pleitos las discrepancias. También proponen que se elabore un plan contable específico, que se consoliden las cuentas anuales (incluidas fundaciones) y que se hagan públicas cuentas y tarifas. Los evaluadores hacen hincapié en la preponderancia de la SGAE, que recauda derechos para otras entidades, aunque prevén que "su importancia disminuirá conforme aumente la experiencia de las otras".

El estudio permitió comprobar que "se producen concentraciones de las asignaciones en un número reducido de titulares de los derechos", que achacan a la propia singularidad del mundo de la cultura, donde el éxito comercial se concentra en pocas personas y donde escasean las obras protegidas. De hecho, el 75% de los derechos asignados en 2007 se distribuyó entre el 1,73% de socios de la SGAE. Y CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) repartió ese porcentaje entre el 4,32% de sus asociados.

Las conclusiones del informe serán llevadas por el portavoz socialista en la Comisión de Cultura del Congreso, Rafael Simancas, a los debates de la subcomisión sobre propiedad intelectual, que se constituirá en las próximas semanas, en cuanto reciba luz verde del pleno del Congreso. Simancas destacó dos conclusiones del informe: "El modelo de gestión colectiva cumple con su función de retribuir a los autores y productores culturales y las entidades de gestión funcionan conforme a derecho de forma transparente y eficaz". Ambas premisas le sirvieron ayer para pedir al PP que "reflexione sobre las campañas de descrédito de estas entidades".

Este examen de la Agencia de Evaluación irá acompañado de un segundo estudio, que se realizará este año, para comparar el sistema español de gestión colectiva de derechos de propiedad intelectual con los vigentes en países del entorno y la percepción del sistema por grupos afectados e interesados.

Arte y estafa

REPORTAJE: LA PINTURA HECHA ESTAFA

Salander, el Madoff del arte

El galerista de los famosos estafó a colegas e inversores, en su cruzada por eliminar el mal gusto

LOLA GALÁN (El País) 04/04/2009
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Ida Benucci es una mujer destrozada. La dueña de la galería del mismo nombre, en la Via del Babuino 150c, una de las direcciones más selectas de Roma, no se ha repuesto aún de los estragos causados en su vida por el galerista neoyorquino Lawrence B. Salander. "Confiábamos en él. Era una persona conocida, respetada. Se llevó muchísimas cosas de nuestra tienda, antigüedades muy valiosas, y nos pagó con cheques sin fondos", cuenta Benucci en conversación telefónica desde Roma. En total, la deuda asciende a unos siete millones de euros. "Mucho dinero para una galería como la nuestra. Nos puede costar la ruina", dice.

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Viajaba en avión privado, mientras las facturas impagadas se apilaban en la oficina de su lujosa galería de Manhattan
Ruina es la palabra que más se asocia ahora a Lawrence Salander, 59 años, detenido y acusado el jueves 26 de marzo por un gran jurado de Nueva York de más de un centenar de delitos que se resumen en unos pocos: latrocinio, falsificación, fraude contable y perjurio. Salander vivió la última década mintiendo, engañando a unos y a otros, en una huida hacia delante que le llevó a contraer una deuda de 88 millones de dólares (más de 65 millones de euros). Robert M. Morgenthau, el fiscal que lleva el caso, comparó el negocio de Salander a una especie de pirámide de Ponzi, como la utilizada por otro famoso tramposo, Bernie Madoff. También Salander era un tipo sin escrúpulos, capaz de vender el mismo cuadro a varios coleccionistas o especuladores. Un maestro de la manipulación que operaba desde el despacho de su lujosa galería comerciando con obras de arte que no poseía.
Ida Benucci y su marido lo ignoraban todo cuando fueron a Nueva York con los cheques impagados. "Salander nos pidió disculpas, dijo que estaba pasando apuros económicos. Nos ofreció que cogiéramos lo que quisiéramos de su galería". Y los Benucci eligieron una docena de cuadros de Robert de Niro, padre, un artista de cierta fama en Estados Unidos, fallecido en 1993. Pero los cuadros no eran de Salander. Estaban depositados en su galería por Robert de Niro hijo, otro de los estafados. Tampoco eran del galerista los dos lienzos del artista Arshile Gorky, expresionista abstracto, usados como aval por Salander para obtener un crédito del Bank of America. Por las dos obras en cuestión, Pirate I y Pirate II, el ex tenista John McEnroe había pagado un millón y medio de euros en 2003 para asegurarse el 50% de interés. El arte, como los vinos de calidad, se negocia en el mercado de futuros, al margen de las Bolsas. McEnroe compró finalmente uno de los dos cuadros, pero no llegó a colgarlo en ninguna de sus mansiones. Supo que la obra Pirata II había sido adquirida también por otro inversor.
Corría el año 2005, y Larry Salander era todavía el más reputado marchante de arte americano de los siglos XIX y XX, aunque vivía ya atrapado entre sus sueños y la realidad. Convencido de que el mercado había tomado un derrotero inaceptable, se había volcado en la compra de arte antiguo: obras hermosas que costaban poco, y podían revenderse con un margen enorme. Pero para ello era necesario dar un vuelco completo a las tendencias del mercado. "Nuestra sociedad valora tres veces más en dinero a un warhol que a un rembrandt. Eso significa que estamos jodidos", declaraba Salander a The New York Times Magazine en marzo de 2008. ¿Cómo era posible que un cuadro de Jasper Johns costara el doble que el Madonna con niño de Duccio, adquirido por el Metropolitan Museum de Nueva York por 45 millones de dólares en 2004?
El mundo del arte era una catástrofe, pero había llegado su salvador: Lawrence Salander. Un marchante con una reputación forjada en 40 años de actividad, sin formación ni títulos académicos, pero con gran olfato para los negocios. Nacido en Long Island en una familia judía de clase media, escaló en el organigrama de galeristas y marchantes desde una modesta tienda de antigüedades en Wilton (Connecticut) hasta el peldaño más alto del Olimpo artístico neoyorquino. Como ha contado su amigo Leon Wieseltier, crítico de arte de The New Republic, "es un tipo de la calle que ha leído a Ruskin [crítico de arte y escritor del XIX]".
Salander nunca quiso seguir caminos trillados. Lo suyo era descubrir artistas, vivos o muertos, y rescatarlos del anonimato. Ya fueran De Niro senior, Leland Bell o Paul Georges. "Es un hombre inteligente. Habla poco, le gusta escuchar", recuerda Álvaro Alcázar, dueño de la galería madrileña del mismo nombre que en 2000 trató al neoyorquino. "Traje a la galería Metta, que entonces dirigía yo, a algunos de sus artistas, como De Niro y Larry Poons, y llevé a la suya, de la Calle 79 de Nueva York, esculturas de Adolfo Barnatán y cuadros de Eduardo Arroyo. Jamás dejó de pagarme una factura", asegura.
La última vez que le vio, hace cuatro o cinco años, Salander le pareció la persona de siempre. Pero encarnaba ya a otro personaje. Se había transformado en una especie de mesías del arte, de libertador de la belleza, relegada a un segundo plano por los especuladores. Y vivía a todo tren. Gastando el dinero a espuertas. Comprando cuadros y esculturas sin pagarlas. Viajando en jet privado de una feria de arte a otra, mientras las facturas impagadas se amontonaban en su oficina de la galería de la Calle 79 en el Upper East Side, y luego en la más lujosa sede de la Calle 71, inaugurada con enormes fastos en 2005.
Lo de Salander era una huida hacia adelante. Para mantener viva su cruzada en pro del arte verdadero, y su tren de vida, buscó el apoyo de un conocido, Donald Schupak, que trajo dinero fresco de un nuevo inversor, Jack Binion, dueño de un casino en Las Vegas e hijo de un supuesto mafioso, Benny Binion. Los tres crearon una firma ad hoc para financiar la gran idea del galerista. Cierto que las deudas crecían, pero Salander tenía un proyecto entre manos que podía resolver el problema. Preparaba una gran exposición con la que deslumbrar a Manhattan, titulada Maestros del arte: cinco siglos de pintura y escultura. Contaría con obras de Ticiano y Miguel Ángel y con una joya excepcional, El tañedor de laúd, atribuida a la escuela de Caravaggio.
Un marchante y experto en arte antiguo británico, Clovis Whitfield, aseguraba que el cuadro, lejos de ser de la escuela del pintor italiano, era un caravaggio puro. Una obra que podía venderse por 75 millones de euros. Una obra digna de ser presentada en un gran festejo. Pero la fiesta, anunciada para octubre de 2007, no llegó a celebrarse. El agujero de deudas era demasiado grande y el socio de Salander no estaba dispuesto a seguir firmando cheques. Los maestros antiguos regresaron a sus lugares de origen, y unos meses después, la galería de Salander cerraba sus puertas. El gran marchante se veía obligado a poner su casa de Manhattan, valorada en 18,5 millones de euros, en el mercado.
Los acreedores pasaron entonces al primer plano de actualidad. El dueño del local donde estaba instalada la galería reclamaba meses de alquileres impagados. Antiguos socios de Salander le denunciaban por fraude. Inversores, como McEnroe, le reclamaban el dinero adelantado, familiares de artistas como John Crawford, hijo del pintor abstracto Ralston Crawford, exigían la devolución de una docena de obras de su padre consignadas en depósito a la galería de Salander. El jueves pasado, el galerista fue detenido y acusado de fraude y falsificación contable. Y puede ir a la cárcel.
"Esperamos que la justicia americana sepa entender lo ocurrido y resuelva el problema", dice desde Roma Ida Benucci. En medio de la catástrofe, a Salander no le han faltado apoyos. Un desconocido benefactor mantiene a la familia con una suma de 18.000 euros al mes. Y la misma persona planea comprar la casa de campo del galerista, en Millbrook, Nueva York, para que sigan viviendo en ella. Quizás Salander no era el único partidario de invertir la tendencia en el mercado del arte. Y su batalla, después de todo no está perdida.
'Salander, el Madoff del arte' es un reportaje del suplemento Domingo del 5 de abril de 2009